Entrevista en ANDALUCÍA CRÍTICA a propósito de UNO DE ESTOS DÍAS

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SOBRE JOSÉ IGLESIAS BLANDÓN

Andalucía Crítica · 02/12/13

Por Francisco Javier Tovar, periodista

 

«Busco belleza entre el conflicto cotidiano»

 

Un furioso soplo de aire fresco llega al panorama literario de la mano de José Iglesias Blandón y su volumen de relatos Uno de estos días (Mezenas Grupo Editorial), un fresco perfecto sobre la condición humana y su perversa belleza en territorios de relaciones interpersonales: mujeres y hombres en perpetuo desarraigo, habitantes inhabitados, antagonistas de sus propias historias. Este joven escritor sevillano saca a la palestra creativa sus últimos años de investigación estética en la trastienda literaria.

 

Uno de estos días: Mundos privados de uso público. Apropiada descripción...

Remite a una noción puramente material de nuestra intimidad. ¿Quién no ha recibido o dado respuestas como «No puedo contar eso, es algo personal»? El mundo es objetivo. E incluso, aunque de manera inconsciente, entendemos su intangibilidad en términos cuantitativos. Somos propietarios de pensamientos, confidencias, omisiones, que, como un piso, una plaza de garaje o un iPad, sometemos a cada particular ley de oferta y demanda. Uno de estos días desprivatiza emociones e intenciones.

 

¿Y qué va a encontrar el lector en estas páginas?

Espejos. Muchos espejos. Cóncavos y convexos. Los espejos y sus derivados son, con diferencia, los utensilios más indispensables que conozco, por encima de la ropa interior, el papel higiénico o una cuchara. Todos en algún momento, para continuar el día, necesitamos comprobar nuestro reflejo, ya sea en el cuarto de baño, en las cristaleras de un Starbucks, en charcos.

 

Algunos espejos distorsionan la realidad...

Y no solo los de feria... La distorsión es básica para componer. Aparte, desconfío del concepto «realidad», es una falacia. ¡Hay vida más allá de nuestras narices! Nos han acostumbrado a explicar todo desde el maniqueísmo más absoluto: lo bueno y lo malo, lo cierto y lo falso, lo vacío y lo lleno, lo real y lo ficticio. Kafka puede ser tan «realista» como Stendhal. Bukowski puede ser tan «fantástico» como Cortázar. Bajo cualquier plano se esconden siempre otros eficaces, aunque, eso sí, cuesta más trabajo captarlos a mayor profundidad.

 

Entiendo pues que Uno de estos días necesita imperiosamente un lector activo que rastree entre su subtexto...

Esa podría ser una buena instrucción de uso. Sí, no entiendo el género relato —y la Literatura en general— de otra forma: el texto como un iceberg donde lo que se aprecia en la superficie es solamente una mínima parte de lo sumergido. Una suerte de efectos al servicio de las necesidades de cada lector. (Necesidades esperadas y, por qué no, también novedosas, espontáneas.) ¿A quién no le gusta descubrir cosas? Después, ya dependerá de la disposición de cada cual, de cómo pretenda afrontar el relato, penetrar en su «juego». Para quedarme únicamente con el argumento, yo mejor me sentaría un par de horitas a ver una de esas películas dominicales de sobremesa en Antena 3, más rápido y práctico...

 

¿Qué exiges a la Literatura?

Subversión. Contenida en los ritmos, en el tono, en las marcas discursivas, en la voz narrativa, en el uso de una determinada forma verbal... Me estremece una buena técnica. Lograr un argumento súper original es complicado hoy en día; todo parece ya contado. Por supuesto, no desdeño el contenido, pero la llave está en el continente. Una autora que admiro profundamente, Lorrie Moore, tiene relatos magistrales por su manera de mirar y exponer la información, aunque muchas de sus historias sean bastante triviales.

 

Tu libro perfila seres cotidianos, sin floritura alguna, con todas las consecuencias... Relatos como «¿Y hacia dónde vais?» o «No se puede cambiar un solsticio» son manifiesta muestra de ello...

Lo que pasa «en la calle». Palabras a destiempo, frustraciones, deterioradas apariencias... Primo cualquier gesto fútil —fútil solo a priori— por encima de toda adjetivación o subordinada poética. Como escritor, pretendo buscar belleza en el conflicto cotidiano. Esa grieta que serpentea sobre una taza de café; una pluma que cabecea anclada sobre un sombrero ajeno; las mismas gafas con el mismo paño; una rueda pinchada a las afueras de la ciudad, mientras el viejo Rover 414 de una pareja regresa tras una malograda cena de aniversario.

 

Estas siete historias poseen un fuerte protagonismo femenino. ¿Solicitan públicos específicos?

No creo en una literatura de o para mujeres. Concibo una literatura de vida, a secas. Si se defiende que existan autoras, personajes o temáticas dirigidas a un público exclusivamente femenino, yo podría hablar de unas cuantas amigas que, en la práctica, acabarían con cualquier supuesto esquema establecido. Porque escritoras como Alice Munro, Amy Hempel o A. M. Homes tan solo acomodan al ser humano frente al mundo. Sexo, edad, raza..., bueno, son vehículos hacia un mismo epicentro. Es cierto que el peso de Uno de estos días lo cargan personajes femeninos, pero responde únicamente a una inquietud personal: he crecido en un entorno familiar copado de mujeres, sin duda han supuesto un engranaje decisivo en mi desarrollo cognitivo, y tenía algunas preocupaciones (pues, entre otras cosas, escribo para intentar comprender), sentía varias «deudas» pendientes. Este libro marca y cierra una etapa importante de mi vida.

 

Entonces, cualquier parecido entre estas páginas y tu vida no es mera casualidad...

Si acaso, es mera causalidad. Cualquier personaje tiene todo y nada de su creador. Soy esclavo de mi propia cotidianidad. Estoy manchado. Ahora bien, como autor, negaré ante cualquier tribunal que tal o cual situación sea reflejo propio. Pues lo considero irrelevante. No aporta un valor crítico profundo y, como tal, aleja del sentido literario original. Está muy de moda el preocuparnos por desentrañar los trucos del mago, cuando mejor deberíamos concentrar esfuerzos para captar cada arista de su específica forma de expresión. A muchos les cuesta diferenciar entre autor, narrador y personaje.

 

Me llama la atención que todos los relatos estén ambientados en Norteamérica...

Pues no soy ningún revolucionario. Baricco en Seda, Bolaño en Monsieur Pain, Vian en Escupiré sobre vuestra tumba, Süsking en El perfume o Nabokov en Cosas transparentes, por nombrar algunos ejemplos meritorios, ya contextualizaron libremente sus obras al margen de sus respectivas nacionalidades. No soy el primero ni seré el último. Aquí el escenario es atrezo, el mantillo sobre las raíces. Los disímiles efectos de la soledad son idénticos en Anchorage, Almería o Reikiavik: la base del ser es universal. Uno de estos días forma parte de una investigación teórico-práctica que inicié en 2009, cuando cursaba un posgrado en Creación Literaria, sobre las formas breves en la narrativa norteamericana a partir de la segunda mitad del siglo XX (estudio progresivo que aún hoy continúo). Esta ambientación es mi particular homenaje. Mi experiencia hasta la fecha me lleva a opinar que la mejor literatura contemporánea se ha hecho y se hace en el continente americano: Estados Unidos y América Latina. Esto podría dar para un largo y entretenido debate.

 

Destaca una característica esencial de los escritores norteamericanos...

Por norma general, su precisión. Precisión formal y conceptual. Una manera de mirar incisiva, como el filo de un folio cuando pasa demasiado rápido sobre la yema de un dedo. Literatura orgánica: nunca dice, sino muestra; no expone respuestas, solo pretende plantear preguntas. Sus relatos raras veces concluyen tras el punto final: te dejan sumido en un poso de tiempo y espacio abocados a la reflexión. Creo que he señalado más de una característica...

 

¿Y de los sudamericanos?

Su habilidad para imbricar historia, estética y metafísica en una misma frase.

 

En tu libro no se encuentran dos relatos iguales, ni por contenido ni técnicamente...

Resultan tan desapacibles esos volúmenes de relatos donde, tras haber superado tres textos, sientes haber leído lo mismo. Pero sí considero que una obra literaria de estas característica debe tener unidad por algún lado.

 

Del amor concluyente en «Te esperaré» a escenas, como la del relato homónimo «Uno de estos días», cargadas de una violenta sexualidad...

El sexo está sobrevalorado, al igual que la muerte. No me atrae lo más mínimo el porno literario barato. Intenté que en cada embestida siempre hubiera un porqué. Manuel Vilas apuntó recientemente: «Se ha perdido el sexo como conocimiento, como viaje al centro de la gravedad humana.» Y el amor... El amor es la base de la Literatura. Amor por el amante, por una hermana, por un amigo, por dos recuerdos, por una venganza... El amor, de una forma u otra, en mayor o menor medida, siempre genera violencia.

 

Si tuvieras que elegir uno de los siete relatos...

Me quedaría con el octavo, siempre ese que está por devenir.