Entrevista a Pere Gimferrer

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Andalucía Crítica · 27/3/13

 

Pere Gimferrer, poeta, miembro de la Real Academia Española

 

«La poesía tiene un componente ético, pero no más que el poeta»

 

El nuevo poemario de Pere Gimferrer, Alma Venus (Seix Barral), hace de la intertextualidad su principal estandarte. Desde lo artístico a lo sociopolítico, pasado y presente se debaten ante la sutileza de la imagen perfecta, en una articulación de resonancias que disparan ahí, justo ahí, a matar.

 

La ambigüedad de estos poemas responde a su carácter polivalente, encaminado, más que a la comprensión de las múltiples referencias, al efecto estético de cada verso, ¿no?

Cada verso funciona por sí mismo. Procuro evitar encabalgamientos, aunque a veces tiene que haberlos, pero en principio trato que cada verso funcione por sí mismo, que se imponga como entidad de sonido e imagen aislada, por encima de su sentido semántico o de su sentido lógico, es decir, de su sentido discursivo habitual. Luego, el conjunto, si me sale según mis intenciones, debe configurar un rompecabezas que se ordena en la percepción del lector.

 

Efecto estético y ¿ético?

Hay una frase muy antigua que dice «Nulla estetica sine etica». La poesía tiene un componente ético, pero no más que el poeta. Generalmente, la persona que se manifiesta cuando escribe los poemas, la voz que habla en ese texto intelectual, está por encima de su voz como individuo en la vida cotidiana, de como ciudadano sienta, piense o exprese.

 

La ética de la poesía está en sí misma...

Es un uso del lenguaje que se aparta radicalmente de su empleo instrumental. Es posible leer una novela o una obra teatral sólo porque quieras conocer su argumento, pero esto en un poema no puede ocurrir: o te interesan las palabras o no te interesa nasa. Este uso de la poesía tan apartado de lo utilitario es como una contravención de las normas que rigen el intercambio verbal ordinario, y nos lleva inevitablemente hacia una crítica del lenguaje habitual que termina por ser inherentemente a sí misma una crítica del sistema habitual de relaciones humanas, una crítica incluso hasta del Sistema en general.

 

¿Y justifica algo?

La poesía se significa a sí misma, lo cual no es poco.

 

El poema sobre el fascismo es un buen ejemplo de esa polivalencia...

Ese poema, en la primera parte de Alma Venus propiamente dicha, empieza con una evocación del fascismo en los años 30. De hecho, la cita de Dimitrov es la definición que él daba de fascismo, sólo que yo eludí indicarlo, como tampoco aparece voluntariamente mención alguna a Mussolini en ningún poema, pues por lo general intento evitar nombres propios cuando hablo de cosas políticas, eso me obligaría a competir con los informativos y no es mi territorio (aunque a veces, sin embargo, no hay más remedio). Y esto va deslizándose de manera muy paulatina, aunque me parece que de un modo inequívoco, por una crítica de la situación político-económica actual, desembocando en esa ambigüedad de la que estamos hablando, del fascismo y de factores paleofascistas existentes en la organización actual. El máximo grado de ambigüedad o polivalencia se obtiene al final, con la imagen de la verbena, los churros y las pelotas de golf, que, aunque no lo digo directamente, podrían entenderse también como imagen de represalia policial contra indignados o acampados.

 

Alma Venus presenta un buen sustrato oculto bajo el subtexto. ¿Qué le exige al lector?

Al lector no le exijo demasiado, no desde luego que identifique las referencias de todo tipo: lugares, nombres propios, alusiones a obras de arte, películas o novelas. Le pido que sea receptivo, que no aspire a que le cuente un argumento, pues lo importante es seguir la corriente de las palabras e imágenes. Si no sabe de dónde viene cada cosa, poco importa, se configura una realidad nueva autónoma.

 

Porque el poemario está plagado de ecos a veces ilógicos (dentro de lo que sería un lenguaje «cotidiano»), pero no por ello irracionales...

Irracional hay poco, salvo que me olvido intencionadamente del sentido lógico habitual, inmediato, de las palabras. Actúo con ellas como si fueran notas musicales o colores. Esto se enmarca dentro de lo que algunos teóricos de la poesía han llamado neorracionalismo, para distinguirlo del racionalismo precedente, aunque eso del racionalismo... Creo que este uso ilógico mío no es irracional, como tampoco el pretendido uso racionalista del siglo XVIII es lo que aparentaba ser. El verso funcionaba y funciona hoy también como entidad rítmica de sonido e imagen, no por su aparente contenido lógico, y eso vale igual para Dante, Góngora o Garcilaso.

 

Para usted las palabras son el centro del proceso creativo, en detrimento de una idea previa. Del verbo al concepto, podríamos decir...

Y no soy el único. Hay un ensayo olvidado de Mayakovski, poeta futurista ruso, que se parece un poco a esto. A veces caminando, a veces inmóvil, surge un ritmo. Este ritmo, lo primero en llegar a la cabeza, se manifiesta poco a poco como una pauta en palabras. Cuando ocurre esto no me paro a pensar qué quieren decir, no voy a buscar su sentido literal en el diccionario, me basta con que signifiquen algo poéticamente. Estas palabras se ordenan de manera muy rápida según las leyes del sonido, y empiezan a encadenarse unas con otras en una sucesión de versos con una pauta métrica por lo general homogénea. (Todo esto que te cuento transcurre en unos instantes.) Y ése es el momento donde me pongo a escribir en papel, muy deprisa, porque sé que el pensamiento ilógico es más rápido que la mano y memorizarlo es prácticamente imposible. Escribo letras que me costará entender al cabo de unas horas, pero no así en el instante.

 

Y esta fórmula le sienta de maravilla al modelo de poema unitario, que tras Rapsodia, su anterior trabajo, vuelve a emplear aquí...

Empecé a hacerlo en el año 67-68 con La muerte en Beverly Hills. E incluso Arder el mar, antes, también podría considerarse unitario. La fui cultivando en los 70, 80 y 90, y luego hay un tiempo largo que no la toco, sí, hasta Rapsodia, en 2010. Es un modelo con grandes precedentes. No hace falta pensar ejemplos muy lejanos como T. S. Eliot, aquí cerca tenemos El Cristo de Velázquez, de Unamuno, que en el fondo es lo mismo.

 

Pere, ¿cómo siente que ha cambiado su voz, la voz del poeta, en todos estos años de creación artística?

Una parte de esa pregunta debería responderla la gente que me lee. Yo reconozco mi voz, y me parece difícil que no se reconozca. Una voz que ha evolucionado, principalmente, en que ahora me preocupa ya muy poco cualquier cosa que sea distinta de las incidencias del lenguaje poético, y que ya no me paro a pensar qué puede esperar o no el lector o el crítico, me basta con saber lo que pide el poema. Hay dos frases antagónicas pero complementarias de este último libro mío, Alma Venus: por una parte, «Son todos los poemas una voz», y por otra, «Un mosaico de voces del poema».