Entrevista a Javier Gomá Lanzón

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Andalucía Crítica · 25/5/11

 

Javier Gomá Lanzón, filósofo, filólogo y jurista

 

«Los ideales señalan caminos, pero no siempre los recorren»

 

Filosofía práctica para tiempos de firmes controversias, donde su trasparencia sea el pilar de una presencia que asuma y promueva, que recupere y ofrezca. Ingenuidad aprendida (Galaxia Gutenberg) es una positiva declaración de intenciones y su autor, Javier Gomá Lanzón, un pensador que entona el do de pecho para esta sociedad «nueva» que parece gestarse y para sus por ahora habitantes prehistóricos. «Los cuatro pilares sobre los que descansa la cultura occidental —filosofía griega, derecho romano, credo cristiano-medieval y la Ilustración— han perdido la capacidad de persuadir y de configurar un relato creíble sobre nuestras vidas», entiende el escritor bilbaíno, ganador de Premio Nacional de Ensayo 2004 con su primer libro, Imitación y experiencia.

 

Usted defiende una filosofía que ayude a construir mundo, poseedora de una cierta responsabilidad cívica…

La filosofía contemporánea ha sido criticada por su oscuridad, por su tendencia a la jerga incomprensible, por su exceso de tecnicismo que excluye a los no iniciados, por el esfuerzo que requiere su práctica y su lectura. Aunque por inclinación personal prefiero una filosofía clara y elegante, lo verdaderamente criticable no es eso. Lo criticable es la conversión de la filosofía en mera historia de la filosofía, erudición, edición de textos, traducciones, glosa interminable de los clásicos. Todo esto hay que hacerlo, pero es y debe ser meramente instrumental respecto a lo esencial, que es el pensamiento. A mí me impresionó mucho un viaje que hice hace dos años a departamentos de humanidades de seis universidades norteamericanas, por otra parte tan admirables. Los profesores e investigadores escribían sus libros sabiendo que el destino de ellos era envejecer en las bibliotecas universitarias. Nadie los lee por gusto, por pasión, ni sus compañeros de departamento. En mi opinión, la filosofía es como el amor o la muerte, un universal antropológico: mientras el hombre sea hombre, amará, pensará y morirá. La filosofía es demasiado importante para dejársela a los historiadores de la filosofía.

 

¿Asistimos a una pérdida de veracidad de la cultura occidental?

Una cosa es la verdad y otra la veracidad, es decir, la capacidad que la verdad tiene o no para persuadir y convencer. Ahora bien, en el ámbito de las humanidades, verdad y veracidad se confunden. Platón o Aristóteles proponen teorías que no son comprobables, su aceptación depende del consenso de sus lectores, a diferencia de la ciencia, cuyas proposiciones sí son verificables. Y, sí, hay una pérdida de veracidad de toda la cultura occidental. Vivimos una época de transición, un interregno, y la filosofía no está ayudando a pensarla.

 

La ingenuidad aprendida puede ser algo provechoso…

La filosofía requiere hoy un especial atrevimiento: pensar lo que está ocurriendo, descubrir lo que sobre la verdad nos están revelando los acontecimientos espirituales. Es un atrevimiento porque hoy la hiper-erudición de los historiadores de la filosofía cree que todo está ya pensado, todo está deconstruido, toda oferta de sentido ha perdido de antemano legitimidad. Pensar filosóficamente es para ellos una ingenuidad. Yo propongo hacer del reproche una bandera: sí, una ingenuidad eso de atreverse a pensar, aunque no ingenuidad de primer grado —candidez, inocencia, infantilismo, ignorancia—, sino una elegida y aprendida, que conoce la tradición filosófica y desea continuarla, no sólo venerarla como quien rinde culto a los muertos.

Por ejemplo, entre otras cosas, para lograr esa emancipación moral pendiente…

Distingo entre liberación y emancipación. La historia de la cultura de los tres últimos siglos se resume en la ampliación de la esfera subjetiva de la libertad: somos más libres que antes y esto es un gran progreso moral. Ahora se trata de determinar aprender un uso razonable, social, responsable y virtuoso de la esfera de libertad ampliada: esto es la emancipación.

 

En este libro también plantea una revisión de esa libertad, o mejor dicho, de la ilimitada libertad, en un camino hacia la emancipación a la que se refiere…

El problema de la liberación era «cómo ser yo mismo»; el problema de la emancipación es «cómo vivir juntos». Se podría describir este tránsito como el paso «de la conciencia a la convivencia».

 

Con este condicionamiento estructural que poseemos hoy en día, la convivencia parece que se antoja laboriosa…

Yo dibujo, doy forma a un ideal: la ejemplaridad. Los ideales señalan caminos, pero no siempre los recorren. Pensemos en el ideal de la república platónica, en el del hombre prudente de Aristóteles, en el sujeto autónomo kantiano, en el superhombre de Nietzsche. ¿Ha visto usted en la calle a muchos sujetos morales autónomos como el que propone Kant como ideal, o superhombres nietzscheanos dotados de una vitalidad y creatividad interminable? Son propuestas ideales. Sin ideal, las fuerzas creadoras y transformadoras de una generación se mantienen aletargadas; con ideal, se disparan y ponen en movimiento, sin pretender que la realidad lo realice históricamente en todos sus detalles. Yo he propuesto el ideal de la ejemplaridad en mi libro Ejemplaridad pública.

Libertad conquistada a la que, según sus propias palabras, le faltan unas cuantas normas de uso. ¿Alguna propuesta?

Las generaciones anteriores lucharon por llevar adelante la liberación de la subjetividad frente a las opresiones tradicionales. La generación actual hereda esa libertad conquistada, y son subjetividades liberadas casi desde su infancia, pero sin instrucciones de uso. Son libres sin saber cómo serlo. Ya digo, se necesita un nuevo ideal, no tradicional, ni coactivo ni aristocrático, que logre despertar las fuerzas latentes, que indudablemente existen.

 

«La ingenuidad es una fuerza que los astutos hacen mal en despertar», escribía el poeta Arturo Graf. Quizás la poesía, fuente a la que recurre a menudo en esta obra, sea una de las vías con más posibilidades de éxito para acercarse a esto que propugna…

Veo muchas afinidades entre la poesía y la filosofía, siempre que no pensemos necesariamente en una poesía subjetivista, expresionista del yo y surrealista, que hoy es la dominante. Hay otra poesía que siente emoción por la objetividad del mundo y la canta, ya sea con himnos o con elegías. Con este tipo de poesía la auténtica filosofía comparte esa emoción fundamental: la poesía conmemora el mundo y la filosofía lo define.

 

Por ello Ingenuidad aprendida apuesta más por un plano emocional que conceptual…

Scheler escribió un ensayo maravilloso titulado La esencia de la filosofía y la condición moral del conocer filosófico en el que demuestra que la filosofía descansa sobre una previa emoción moral y estética hacia el mundo, un eros. Yo llamo «ingenuidad» a ese eros contemporáneo, aunque por supuesto el trabajo de la filosofía consiste después en convertir el eros en concepto.