Entrevista a Christian Escuredo

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Andalucía Crítica · 6/6/15

 

Christian Escuredo, artista

 

«Si te comprometes como actor encuentras partes de ti que desconoces»

 

Christian Escuredo forma parte del triunvirato protagonista de la exitosa obra Priscilla, reina del desierto. Su primera aparición en escena ataviado como Felicia, suspendido sobre el escenario del Nuevo Alcalá, a lomos de una plataforma con forma de dólar, mientras interpreta «Material Girl» de Madonna, supone ya toda una declaración de intenciones, la prueba estética, extensiva a toda la representación, de que estamos ante uno de los actores más versátiles de las tablas españolas. Recientemente galardonado en los premios nacionales del Teatro Musical, hoy conversamos con él para Andalucía Crítica sobre este libreto demoledor de fronteras (sociales, geográficas, culturales): una lección vital y artística.

 

El musical Priscilla, reina del desierto cierra su primera temporada en Madrid. ¿Qué ve al echar la vista atrás?

¡Se me ha pasado el tiempo volando! Y, a pesar de que cerramos una primera temporada con más de trescientas funciones con éxito de público y crítica, sigo con la misma ilusión que el primer día, pero no puedo negarte las ganas de coger unas vacaciones para descansar y reponer fuerzas.

 

Presiento que, tras todas estas horas de teatro, no solo ha evolucionado su personaje, Adam/Felicia, sino también usted con él...

No lo dudes. En este «ahora» me veo creciendo gracias a un personaje que no solo me divierte, sino que me invita a desarrollarme como profesional y a expandirme como persona. Interpretar a un personaje como Felicia te ayuda a conocer mejor a los demás, a ser más empático, y, lo más importante, a conocerte a ti mismo, porque si te comprometes encuentras partes de ti que desconoces o que no les estás prestando la atención que merecen, aprendiendo a valorarlas y tratarlas con más cariño. Para mí ha sido un regalo. Ve la vida como un juego, desde un prisma muy optimista, a pesar de la máscara tras la que se esconde. Lo más bonito de Adam es que está muy conectado a su niño interior y que valora los problemas sin darles tanta importancia.

 

Tengo entendido que para prepararlo se entrevistó varias veces con una drag queen...

Una sorpresa que alguien tan generosa como «La Canalla», una drag de Ponferrada, me abriese las puertas de su vida y me invitase a observar y entender la dualidad que hay detrás de todo ese mundillo. Tanto cariño y apoyo por su parte hizo que nos convirtiésemos en buenos colegas.

 

Este tipo de obras exigen que el actor coordine varios planos interpretativos de una tacada (texto, voz, baile). Exigencia total...

Desde luego, es lo que tiene interpretar a un personaje de musical: aparte de construirlo técnicamente como para cualquier otro género o medio, uno no debe descuidar el canto y el baile, y ejecutarlo en personaje. En el caso de Felicia tuve que trabajarme físicamente en un gimnasio y hacerme amigo de los tacones: ¡me los ponía hasta para cocinar!

 

Cuarenta artistas, quinientos trajes, doscientas pelucas, más un autobús robotizado, de diez metros y seis toneladas, con ordenadores, compuertas y elevadores. Respeto me da preguntarle qué se cuece entre bambalinas...

Muy poco espacio para un gran show. Así que imagínate las maniobras de todo el equipo. Sin duda, todo un reto técnico y un gran trabajo en grupo por parte de todos para lograr que Priscilla, reina del desierto brille cada noche en el teatro Nuevo Alcalá. Sobre el autobús, qué te voy a decir yo... Se llama Priscilla, de ahí el título del musical, con eso te lo digo todo. ¡Es el auténtico protagonista!

 

Si tuviera que quedarse con un momento especial de la representación, ¿cuál sería?

Hay uno con el que disfruto especialmente por todo lo que aporta a la trama: «Hot Stuff». En este número Adam se prepara para travestirse, para hacerse pasar por mujer y buscar «un amante salvaje», aunque sus expectativas no se ven cumplidas y termina en un episodio bastante incómodo. Como actor me divierte mucho hacer un personaje dentro de otro personaje, y sobre todo versionar un temazo de Donna Summer junto a mis compañeras «las divas», bailarlo con el elenco y pelearme con mis tacones, pues algo de lucha escénica también se puede ver en Priscilla.

 

Conserva la puesta en escena londinense, aunque los productores originales os han concedido mucho margen de acción...

Eso es algo que valoro mucho de esta producción. Gracias al trabajo del director del montaje, Dean Bryant, junto al adaptador del libreto al español, Miguel Antelo, se ha podido diseñar un texto a favor del actor, y de ahí una composición del personaje muy personal y muy libre. Lo mismo ocurrió con la coreografía, en la que Andrew Hallsworth adaptaba cualquier movimiento para que lo ejecutase de la manera más orgánica posible. La parte musical quizás haya sido más estricta y fiel a la partitura de Spud Murphy, pero aún así tengo mucho que agradecerle a Julio Awad, el director musical y de la orquesta que suena durante la representación. Siempre que trabajo con él doy pasos de gigante, como ocurrió en el musical Sonrisas y lágrimas, donde coincidimos por primera vez.

 

¿Cuál es la clave de su fama a nivel internacional?

Son muchos los motivos, pero yo destacaría estos tres: un repertorio reconocido con música en directo, un vestuario impresionante y un show espectacular donde no solo abunda el teatro-fiesta, sino una historia divertida contada desde la verdad. Todo esto provoca que el espectador se conecte con nosotros y salga con una buena dosis de energía y optimismo. Priscilla, reina del desierto es un canto a la libertad; te invita a ver la vida de una manera más optimista y divertida, aunque también a poner atención en muchos conflictos que hoy no están del todo resueltos, como la falta de valores humanos (homofobia, racismo, discriminación, bullying), sin pretender denunciar de forma directa ni ser pretenciosos con los conflictos. Este musical ayuda a conocernos mejor y abrir nuestro corazón a los demás (al igual que les ocurre a los tres protagonistas), valorando, ante todo, que la vida es una aventura y hay que aceptarla como viene, a ser posible con una sonrisa y buen humor.